San Judas, el santo de los milagros imposibles

Dicen que tenía parentesco con Jesús y que era hermano del Apóstol Santiago el Menor. Lo que sí sabemos con certeza es que fue uno de los doce apóstoles de Jesucristo y que murió a punta de espada como mártir cristiano mientras predicaba a los armenios de la Persia. Lo llaman Tadeo para distinguirlo de Judas el traidor. 

Patrón de las causas perdidas y de milagros imposibles, San Judas Tadeo comparte esta tarea con Santa Rita de Cascia. De su ministerio de evangelizador nos queda la “Epístola de Judas”, que invita a la perseverancia en tiempos difíciles.

Iconografía de San Judas Tadeo

Judas Tadeo presenció la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, por lo que casi siempre lo vemos representado con una llama coronando su cabeza. Otros atributos de San Judas son el bastón, que simboliza su labor de evangelizador, y la imagen de Edesa con el rostro de Jesús colgada de su cuello. 

Oración a San Judas Tadeo

Sobre todo a partir de la Edad Media, Judas Tadeo es venerado por muchas comunidades. El día de Judas Tadeo cae el 28 de octubre y suele estar precedido por la Novena de San Judas. Durante esos nueve días, los fieles invocan al santo para pedir que éste interceda contra casos desesperados y a favor de milagros imposibles. 

Aquí te dejamos una oración a San Judas Tadeo para casos difíciles y desesperados:

¡Oh gloriosísimo Apóstol San Judas! Siervo fiel y amigo de Jesús. El nombre del traidor que entregó a tu querido Maestro en manos de sus enemigos ha sido la causa de que muchos te hayan olvidado, pero la Iglesia te honra e invoca universalmente como patrón de los casos difíciles y desesperados. Ruega por mí que soy tan miserable y haz uso, te ruego, de ese privilegio especial a ti concedido de socorrer visible y prontamente cuando casi se ha perdido toda esperanza. Ven en mi ayuda en esta gran necesidad, para que reciba los consuelos y socorro del cielo en todas mis necesidades, tribulaciones y sufrimientos, particularmente, y para que bendiga a Dios contigo y con todos los escogidos por toda la eternidad.

Te prometo, glorioso San Judas, acordarme siempre de este gran favor y nunca dejaré de honrarte como a mi especial y poderoso protector y hacer todo lo que pueda para fomentar tu devoción. Amén.